El Museo Microgigante juega con una idea sencilla pero efectiva: poner en contraste lo más pequeño que el ojo humano puede ver (o no puede ver sin ayuda) con lo más grande que se puede exhibir en un espacio de museo. El resultado es un recorrido sobre la percepción del tamaño que funciona especialmente bien con niños.
El concepto
La exposición alterna entre dos extremos:
Lo micro: Objetos de escala diminuta, similares al enfoque del Museo de Microminiaturas pero con un ángulo diferente — aquí el interés no es tanto la habilidad artística como la escala en sí misma y lo que revela sobre cómo percibimos el mundo.
Lo gigante: Reproducciones a escala gigante de objetos cotidianos. Un lápiz de tres metros. Un botón del tamaño de una rueda. Piezas de juego de ajedrez de altura humana. El contraste con lo microscópico hace que ambos extremos sean más impactantes.
Para quién funciona mejor
Con niños de 6 a 14 años, este es probablemente el museo más disfrutable del casco histórico. La combinación de cosas pequeñísimas y cosas enormes conecta bien con la forma en que los niños proceden el tamaño y la escala.
Para adultos sin niños, es entretenido pero puede resultar algo superficial comparado con el Museo de Microminiaturas o la Casa Orduña.
¿Vale los 4€?
Está bien por lo que ofrece, pero si tienes que elegir y tienes presupuesto limitado, el Museo de Microminiaturas (mismo precio) es más impresionante en términos de habilidad y contenido. El Microgigante es más lúdico, menos profundo.
Duración real: 20 minutos. Perfecto como parada de descanso entre museos más densos.